Universal 3.6.1996
Caracas, lunes 03 de junio, 1996En el país se recuperan 32 mil toneladas de latas Sociedad de lateros El ingreso mensual de un recogelatas puede llegar a 60 mil bolívares, superior al salario mínimo establecido, como consecuencia del alto precio alcanzado por los envases de aluminio recuperados, tanto en el mercado nacional como en el internacional. Se estima que esta industria moviliza más de 17 mil millones de bolívares al año, pero en Caracas ha generado una cadena de comercialización informal y casi clandestina, a la cual se incorpora gente más joven cada vez, que van a nutrir la población de indigentes que merodean por las calles. Aunque, como lo demuestra la foto de Venancio Alcázares, familias de estratos sociales superiores están siendo atraídas por el negocio.
CARACAS : La recolección de latas de
aluminio se ha convertido en un negocio millonario por el alto precio
alcanzado por este material en el mercado internacional, en el cual se
cotiza a 560 mil bolívares la tonelada. En Caracas los recogelatas,
motor de esta industria, reciben entre 350 y 460 bolívares por el kilo,
ya que el precio fluctúa debido a la intensa competencia que se ha
desatado entre los intermediarios que les compran su carga y la llevan a
las reci- cladoras.
De las cifras que maneja el ingeniero Raymond Briceño Picón, director ejecutivo de la Asociación Civil Bienestar y Ambiente, del Marnr, se desprende que esta industria moviliza anualmente más de 17 mil millones de bolívares, toda vez que el consumo de aluminio para envases en el país es de 40 mil toneladas al año, del cual se recupera casi 80 por ciento, es decir, unas 32 mil toneladas. Al precio máximo que le pagan a los recogelatas esto representaría 14.720 millones de bolívares y al precio internacional, 17.920 millones de bolívares. No obstante, se trata de una actividad informal y casi clandestina que poco o ningún beneficio social reporta a la ciudad y, por el contrario, ha traído más suciedad y la incorporación de gente cada vez más joven a la vida callejera y al alcoholismo. Recientemente la Alcaldía del Municipio Libertador cerró un centro de acopio que funcionaba en la urbanización Pinto Salinas, ante la protesta de los vecinos de la avenida Andrés Bello que se quejaban de la invasión de recogelatas en la zona, quienes rompen las bolsas de basura y dejan los desperdicios regados en la calle. En esa oportunidad los vecinos refirieron que en los alrededores hay otras empresas de este tipo, pero nadie sabe con certeza dónde están ni cómo se llaman. Esto porque las alcaldías no han asumido el control de esta actividad económica, que podría reportar buenos ingresos a las municipalidades, además de contribuir con la limpieza de la ciudad y al ahorro de recursos en el manejo de la basura. La cadena de comercialización Un recogelatas puede recolectar un promedio de cuatro kilos de envases al día para hacerse un ingreso mensual cercano a los 60 mil bolívares, superior al salario mínimo urbano establecido, en una actividad que si bien es riesgosa por lo peligroso de la calle, al menos es de libre ejercicio, sin horarios ni otras responsabilidades. Y ha sido precisamente la fuerte demanda y el buen precio al que se cotiza este material, lo que ha desarrollado una cadena de comercialización que ya involucra a cientos de personas en las áreas urbanas de todo el país. En Caracas, los recogelatas venden su cargamento a improvisados centros de acopio tanto fijos como ambulantes. Se sabe que además de las empresas recolectoras establecidas en la ciudad hay pequeños locales no identificados como tales, en zonas como Catia, Antímano, Petare y otras, donde compran latas y otros desechos metálicos y también camioneros que estacionan sus vehículos en determinados puntos a la espera de los lateros. Estos recuperadores llevan luego las latas a empresas un poco más grandes que comercian el producto con las plantas recicladoras. Es allí donde el aluminio de envases es convertido en briquetas para su exportación. Explica el ingeniero Briceño que el material se exporta porque en Venezuela no se fabrica la lámina de aluminio para envases; de manera que esa basura es reimportada en forma de lámina para fabricar las latas y comienza de nuevo el ciclo: los consumidores compran las cervezas o refrescos, botan las latas en cualquier parte para que vivan los lateros, los lateros las recogen, las venden a las recolectoras, éstas a las recicladoras y de allí al exterior. Las de hojalata van a competir Si alrededor de las latas de aluminio se desarrolla todo este gran comercio, por el contrario a las latas de hojalata nadie las quiere porque las recicladoras de material ferroso no les dan ningún valor. Se trata de los envases que utiliza la mayor parte de los refrescos, maltas, la leche en polvo, productos marinos como atún y sardinas, aceites de motor, pinturas, pegamentos, etcétera, los cuales van en grandes volúmenes a las playas y botaderos públicos, pues son tiradas por los consumidores y no hay quién las recoja. Ante esta situación, la Corporación Venezolana de Guayana, CVG, está preparando el programa Naturalmente Hojalata para lograr que sean recolectadas. Los ingenieros Yady Maldonado y Víctor Aboulasia, de la Gerencia de Comercialización de la empresa, informaron que el objetivo es eminentemente conservacionista y de imagen del producto, toda vez que se busca ahorrar materia prima, ya que este material se utiliza nuevamente para confeccionar envases, y dar a conocer las bondades de la hojalata como material absoluta y totalmente reciclable al igual que el aluminio, biodegradable, hermético, versátil, liviano, irrompible, decorativo y venezolano. Para ello se ha convenido en darle un valor comercial, aún no decidido, pero que será superior a 35 bolívares por kilo que es el precio al que se cotiza actualmente la chatarra de acero a nivel industrial. Con esto se trataría de interesar a los propios chatarreros, quienes organizarían su circuito de acopio entre escuelas, hoteles, restaurantes, condominios y otros establecimientos. El material sería comprado por la CVG y no se generaría una cadena comercial informal como la de las latas de aluminio. El programa es importante tanto por la recuperación de la materia prima como por la conservación del ambiente porque la producción anual de hojalata en el país es de 130 mil toneladas y el consumo de envases de este material es de aproximadamente 1.200 millones de unidades al año. Con el reciclaje nadie pierde Hasta ahora el reciclaje en el país ha respondido a la voluntad popular; no hay normas, no hay reglamentación ni obligatoriedad de reciclar. Son las municipalidades las que deben encargarse de esta actividad, dictar ordenanzas al respecto para controlarla, como responsables que son de la recolección de la basura en las ciudades, dice el ingeniero Briceño, quien sostiene que el reciclaje es una de las industrias más importantes del país y reporta más beneficios que muchas otras debidamente instaladas. Esto porque el aluminio es sólo uno de los tantos materiales reciclables que contiene la basura doméstica. Señala Briceño que las áreas urbanas del país generan 12 millones de kilos de desechos al día, de los cuales 37 por ciento son residuos de alimentos y jardinería; 20 por ciento, cartón y papel; 10 por ciento, vidrio e igual porcentaje de plásticos; textiles y metales se ubican en 9 por ciento cada uno; 4 por ciento son cauchos y cueros y uno por ciento madera. Y todos esos desechos son absoluta y totalmente reciclables. Estima que manipular una tonelada de basura cuesta aproximadamente 10 mil bolívares y Venezuela genera cuatro millones 380 mil toneladas de basura urbana al año, servicio que pagan las alcaldías y los ciudadanos. Cada tonelada de basura que se recicla es una tonelada menos que hay que quemar o botar en los rellenos sanitarios con un ahorro significativo en espacio, agua, contaminación; además de que se alarga la vida de los recursos y se obtiene provecho económico de los desechos. Con el reciclaje todos ganan, nadie pierde y el que gana más es el ambiente, apunta. La Asociación Bienestar y Ambiente que dirige, organiza todos los años la muestra Exporreciclaje en la Plaza Caracas y en San Cristóbal, que forma parte de un programa de educación ambiental que busca formar al ciudadano en la importancia de esta práctica e interesar a los dirigentes de la sociedad para que organicen la industria. En este sentido la Abam asesora a las alcaldías y está presente en varias escuelas con programas de recuperación de papel y cartón, conjuntamente con la empresa Manpa. En materia de envases de aluminio, están elaborando un programa con Acometales, representante de la empresa transnacional Alcoa, y la participación de Asocircla y el Cuerpo de Bomberos, para recuperar 10 por ciento de ese 20 por ciento que aún no se recolecta del consumo nacional y destinar los ingresos al financiamiento de un hospital o salas de tratamiento para niños quemados. Igualmente Acometales tendrá un programa propio de educación ambiental dirigido a crear conciencia sobre la importancia de recuperar este material, bajo el lema El aluminio no es basura. |
