Luxmar
Aular Vásquez mailto:laular@correodelcaroni.com
Los indígenas de Ciudad Guayana llegan aquí buscando mejor vida. Posibilidades de hacer dinero y de comprar ropa son las ofertas de Guayana para los Waraos.
En el relleno sanitario de Cambalache existe un número considerable de recolectores de desechos entre los que se cuentan indígenas. Estas venezolanos deambulan por la basura recogiendo cualquier cosa que les pueda servir para venderlo como chatarra y obtener a cambio una cantidad de dinero que les permita conseguir el sustento para sus familias.
El espectáculo resulta desagradable, familias completas de Waraos, mujeres con sus pequeños hijos y hombres caminan entre la basura y revisan sin cesar en busca de aluminio para vender a las recicladoras. La única protección, en algunos casos, resulta ser un guante y botas del resto el lugar tiene todas las de perder como un trabajo al cual se pueda asistir con los hijos: malos olores, basura por todas partes y camiones que no frenan ante las personas que están atravesadas en su camino, simplemente buscan el sitio donde arrojar sus desechos y se van.
Varias familias de Waraos con otros “venezolanos” - como ellos mismos los describen- comparten la riqueza que alberga el relleno sanitario de Cambalache. La mayoría de las personas con las cuales se pudo establecer contacto, no todos quieren hablar con extraños, están en Ciudad Guayana de paso, la idea es hacer dinero, comparar ropa y devolverse a su tierra con algo en los bolsillos, que les permita mantenerse por cierto tiempo.
En el relleno sanitario pudimos conversar con Gerino Antonio García y Runel Rodríguez, quienes a pesar de pertenecer a la misma etnia, se conocieron por intermedio de nosotros, el segundo se acercó por curiosidad. Gerino, dijo venir de Winika- Nabasannuco, un lugar en el estado Amazonas al cual no pudo acceder al trabajo, y tan pronto como se hizo independiente, empezó a trasladarse por el río desde su casa hasta Ciudad Guayana, donde llegan en líneas generales por hacer “realitos o platica”, como ellos dicen en su básico español.
La decisión de llegar al relleno sanitario no es una cuestión de suerte: “Primero me contaron que el aluminio cuesta más billete por aquí”, dice Gerino. Por ello, decidió estarse por 35 días en el relleno sanitario para hacer el dinero suficiente y regresar a su zona con algo en los bolsillos. Durante su estadía, Gerino organizó una especie de casa hecha con bolsas de plástico dentro del relleno sanitario, mientras reúne el capital suficiente para regresarse.
Andan con sus familias y con ellas cargan hasta el relleno sanitario, Runel Rodríguez otro de los indígenas describe el trabajo que realizan: trabajan en la recolección de chatarras, cables y artefactos a los cuales extraer el aluminio o el cobre para venderlos allí mismo y con ese dinero conseguir para vivir.
Aunque no hubo casi moscas durante la visita, ellos están conscientes del peligro que corren y humildemente toman sus precauciones, toman guantes de la misma basura y en caso de conseguir un par, lo comparten con su familia, ésa es la mano con la cual removerán la basura y recolectarán el material. La otra mano es para el saco, que llevan para guardar lo recogido.
Pese a estas adeversidades, esta forma de vida es una solución, pues en el Delta la comida es muy costosa, al igual que la ropa, por lo que las miserias que pueden obtener de cualquier trabajo, no les alcanza para mantener a sus familias.
“Para
nosotros no hay trabajo”, dice Runel y
aprovecha para reclamarle al gobierno que no existe trabajo para todos, sino
para unos pocos a quienes le manda los sueldos, pero se trata de pocos, dos o
tres por asentamiento indígena.
“Para ellos nada más y para nosotros no hay trabajo. Por eso yo me vine para acá a trabajar”.
Asentamiento indígena
En
el mismo Cambalache, pero unos cuantos kilómetros del relleno sanitario, justo
donde termina la carretera para dar paso al río Orinoco, existe un asentamiento
indígena. Ubicada en una especie de colina frente al río Orinoco existe un campamento grande de aproximadamente unas 80
familias de Waraos.
Estas
familias también viven de recoger aluminio para vender en el relleno sanitario
o a las recuperadoras, pero su cercanía con el río no es casualidad, pues la
pesca se constituye en su dieta como un alimento básico y la ventas del
resultado de esta faena es también sustento entre algunas familias.
Visto
desde la orilla del río parecen pocas las humildes casas de los Waraos, pero en
realidad se trata de toda una comunidad organizada, en donde la tierra dura y
seca se pone resbalosa con las primeras lluvias. La fragilidad de estas casas
también es permeable al invierno cuando llegan.
De estas 80 familias que siempre conviven en el lugar, existe un pequeño número familias que llegan trabajan y se devuelven a su sitio de origen, por eso el número de personas nunca es el mismo, pues a diario llegan indígenas por el río Orinoco.
“Algunos nos ven y se paran, todos saben que aquí hay gente de ellos”
dice Patricio La Cruz, el recién nombrado presidente de esta asentamiento indígena.
La
forma de vida del asentamiento indígena la describe Patricio: “Aquí la vida es
buena, porque se come y se vive bien, no hay problema con nadie. Ahora estamos
formando una comunidad nueva y estamos empezar a caminar más o menos, más
unidos entre nosotros”.
Con
este inicio del caminar, Patricio describe lo que es la nueva meta del
asentamiento indígena Cambalache. En la actualidad, están por formar Asowaraos,
con ayuda del Centro de Formación Guayana, de este centro reconocen el trabajo
de varios sacerdotes quienes los están ayudando en el trabajo de legalizar la
asociación y enseñarlos a leer.
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Patricio, el nuevo presidente, llegó a estas tierras en el año 96 proveniente del Delta, buscando trabajo, ropa y una vida para poder vivir. “Necesitaba cambiar la vida y allá no tenían cómo”, dice, y agrega: “Ya tengo años viviendo aquí, y no me voy ¿para empezar de nuevo?. Y ahora que si me dan el terreno me vuelvo a hacer otra casa nueva y tengo mi conuco ¿qué más necesita uno?” |
Por los momentos, los Waraos del asentamiento indígena Cambalache, están a la espera de que la Corporación Venezolana de Guayana, CVG, los reubique, porque están conscientes de que las tierras en donde tienen sus casas son invadidas y en cualquier momento los pueden sacar de allí. Sin embargo confían en que antes de que eso ocurra sean trasladados a La Ceiba, lugar, donde una vez les ofrecieron tierras que luego serían propias.
La mayor parte de la población, los niños, son quienes sufren enfermedades como diarreas, vómitos y fiebre. Pese esto, los indígenas no salen del campamento en busca de asistencia médica, pues esperan como todos los miércoles de cada semana, al médico de la alcaldía que llega hasta el asentamiento indígena. Anteriormente, según refieren, el médica pasaba tres veces por semana, pero alegando no tener carro propio, ahora va una sola vez a la semana a pasar consulta.
“El gobierno no nos ha ayudado, el gobernador Rojas Suárez, nos entregó un motor para el agua y vinieron y se lo llevaron... El presidente viejo se llevó ese motor”, dice Patricio, y no asoma ninguna posibilidad de actuar legalmente ante esta situación.
La acción del gobierno tampoco llega hasta garantizar los servicios públicos, en el sitio donde están ubicados no existen agua, ni luz, y se encuentran luchando por eso, aunque sospechan que esos servicios no van a llegar porque la reubicación es una realidad. Por los momentos utilizan las bondades de las baterías para alumbrar donde no conocen y dependen de las bondades de sus vecinos que sí tienen agua potable, a quienes les solicitan les surtan el vital líquido.
Foto 1: (de Pedro Montes): Familias completas de Waraos llegan a Guayana para conseguir precios más bajos en comida y ropa.

Foto 2: En una colina frente al río Orinoco se encuentra ubicada el asentamiento indígena de Cambalache.

Foto 3: (Cambalache 3) Las casas de los indígenas son bastantes humildes -(falta)
Foto 4: La búsqueda de material entre la basura es el principal sustento de los indígenas de Cambalache.
Foto de Marcell Naranjo (click
para ver mas grande)
Foto
de Marcell Naranjo (click
para ver mas grande)
Foto 5: El río Orinoco es una importante vía de comunicación, que les sirve de sustento y de forma de aseo. (falta )
El ser warao, no debe perderse, eso es una aspiración de quienes viven están Cambalache. Por los momentos, están poniendo toda la confianza en que una vez estabilizados en un sitio propio podrán ponerse de acuerdo para producir formas de cuidar de su cultura y a la vez aprender a leer y a escribir.
Algunos de estos indígenas traen desde sus lugares de origen cestas de moriche y otras artesanías para vender en esta zona.
De hecho, de las ochenta familias sólo dos saben leer y escribir y la escuela no es algo popular entre ellos, por lo que se hace ardua la tarea del Padre Guillermo del centro formación Guayana, para enseñarlos.
Sin embargo, de navegar y pescar es para ellos una forma de vida, pues navegando cuatro días por el río Orinoco, llegan desde el Delta quienes van a hasta el lugar a trabajar para luego devolverse a sus sitios de origen. “Uno nació en el río y conoce el país por medio de él”, dice Patricio.
El vocero de los waraos, en el asentamiento campesino, asegura que su gente no es de las que pide dinero en las calles. Entre ellos se reconocen entre ellos, las mujeres de Mariusa, que viven por el centro comercial el Trébol y en los Barrancos, siempre usan vestidos floreados, mientras que las de este asentamiento indígena utilizan ropa normal.