Escuelas que rescatan riquezas de la basura
Pedro José Sánchez mail: psanchez@correodelcaroni.com
La
instrumentación de una sencilla idea dentro de las escuelas en la que se
involucra la recolección de material reciclable para la venta despertó en toda
la comunidad la posibilidad de instaurar una estructura de negocio que permita
que estos centros de enseñanza tengan recursos económicos adicionales a los
que entrega el Estado para sobrevivir.
FOTOS ANTONIO GARCÍA JR.
FOTOLEYENDAS:
1.- Como nadar en una piscina de sueños
2.- Cargados de nuevas riquezas rescatadas de la basura
3.- Hay maneras de estar enterados de todos los detalles
4.- Ser parte y protagonistas del proyecto
El
Proyecto Alquimia nada tiene que ver con el libro El
Alquimista que escribió Paulo Coelho, aunque sí está ligado con la
simple idea de llevar adelante un proceso básico que parte de la transformación.
Se trata de la recolección de latas, que bien puedan servir para el reciclaje.
La
idea llegó a las escuelas mediante la influencia de empresas privadas y hasta
cierto punto cuenta con la anuencia de organismos públicos.
Son
los mismos alumnos impregnados por la iniciativa de sus maestros quienes
ejecutan esta labor. No se trata de salir a las calles a recoger latas, sino más
bien, llevarlas desde los hogares a las escuelas, y de allí venderlas a las
recicladoras.
En
trazos formales se pretende que todos los miembros de la comunidad contribuyan
con la preservación del ambiente y fortalecer así la educación ambiental
mediante la organización y recolección de latas de aluminio que sirvan para la
obtención de recursos necesarios para el óptimo desarrollo del proceso de enseñanza
y aprendizaje.
El
programa se sustenta bajo la premisa del aprovechamiento de desechos y el
objetivo que persigue es elevar la participación y conciencia de toda la
comunidad estudiantil, además de promover una línea autogestionaria con fines
económicos.
Este
último aspecto ha sido muy importante al evaluar los resultados del plan,
porque las escuelas han visto florecer iniciativas ingeniadas en los mismos
recintos después de instrumentar la recolección y venta de latas.
Obtener
recursos adicionales mediante el aprovechamiento de ‘la basura’ es sin lugar
a dudas una labor ardua y hasta admirable, a pesar que en esta comunidad el
hecho de recoger latas no es muy bien visto y está relegado sólo a los
indigentes.
Pero
en las escuelas las experiencias son diversas y no sólo involucran la
conciencia de quienes imparten la idea, sino que pone de manifiesto, el talento,
la capacidad de promover proyectos y sobre todo el desempeño de los alumnos,
padres y maestros.
En
las unidades educativas de la parroquia Unare en Puerto Ordaz la iniciativa
marcha viento en popa. Y es que, la idea no sólo ha sido comprada, por decirlo
así, por las escuelas sino que ha sido adaptada a las necesidades y
requerimientos de una comunidad que ha visto en la idea una manera de solucionar
los problemas más críticos de la escolaridad: sobrevivir ante la adversidad.
La
justificación de este proyecto en ese sentido es bastante específica y debido
a la falta de recursos económicos que padecen las instituciones educativas
surgió la oportunidad del Proyecto Alquimia como alternativa de solución para
solventar las deficiencias.
En
la Escuela Bolivariana Julia Rodríguez Viña de Unare hay una experiencia digna
de reseñar, y es que todos los viernes desde que se implementó este proyecto
los alumnos, maestros y hasta los padres llevan el control de cuántas latas se
han recogido para la venta.
El
proceso se maneja como una competencia interna, donde por supuesto hay quienes
sobresalen, pero la única ganadora es la escuela.
Las
experiencias de las maestras son energizantes y hasta cierto punto refrescantes,
les brillan los ojos cuando cuentan con emoción ese tránsito de docentes a
promotoras de un plan que se sale del lindero de la educación y se arrima más
bien, a los terrenos de comercio emprendedor.
Además
la práctica ha sido muy satisfactoria para esta escuela, puesto que desde hace
dos años no reciben recursos regulares para operar, sólo cuentan con una
asignación para mantener la cocina y proveer de alimentos a los jóvenes. La
puesta en marcha del Proyecto Alquimia permitió la construcción de dos salones
de clase que en la actualidad están divididos en cuatro partes iguales, y es
allí, donde se imparten clases a cuatro secciones distintas.
Este
logro se llevó a cabo con la venta de las latas y para cumplir la misión las
maestras y alumnos se trazaron la meta de recabar un millón de bolívares.
Los
salones están operativos y es un ejemplo que las maestras sacan a relucir
cuando se trata de mostrar las virtudes del programa de recolección de latas.
No
todo el esfuerzo se traduce a ese sólo objetivo. También con la ayuda de los
recursos obtenidos hasta ahora han encaminado otros proyectos y están planeando
invertir en huertos de hortalizas y mejorar parte de las infraestructuras.
“Esta
idea nos ha conducido por otros caminos, ahora trabajamos en conjunto por el
beneficio de la escuela y cada día buscamos maneras para ingeniar mecanismos
que nos ayuden consolidar una mejor escuela”.
También
mejoraron los lavaderos y otros detalles que con el tiempo ha presentado la
escuela y es que hasta la pintura de las fachadas ha sido gracias a la autogestión
de la misma comunidad.
1, 2 y 3 pasos
Antes
se relacionaba el término ‘alquimia’ con la transformación del oro,
“pero ahora y para nosotros el concepto representa la mera conversión de
materiales y vienes olvidados y que son desechos (...) y a nosotros nos está
permitiendo resolver servicios internos”. Estas fueron las palabras de Daisy
Paravisini, quien es la directora de la Escuela Integral Bolivariana Unare II.
La
profesora Fátima Rodríguez es la coordinadora general del Proyecto Alquimia en
esta escuela y para ella desde que el Centro de Tecnología y Ciencias del
Ministerio de Educación en la zona de Caroní “nos invito a participar en
este plan, desde ese entonces nosotros estamos trabajando en la recolección y
venta de latas”.
El
trabajo lo comparten seis docentes, uno por cada grado a lo que se suman otros
colaboradores.
Y
es que, la faena es bien dinámica y conlleva además de recoger las latas,
desarrollar una fase en la que hay que agruparlas de manera de organizar para
disponerlas luego a la venta.
Una
de las metas que ha servido como pretexto para encaminar el proyecto es el
anhelo por una fotocopiadora “y sumar recursos para realizar proyectos
conjuntos”, dijo Rodríguez.
En
esta escuela la iniciativa ha traspasado las expectativas, aunque aún no han
comprado la fotocopiadora las maestras están promoviendo otras tareas,
capacitación y mejoras en la infraestructura gracias al dinero obtenido a través
de la venta de lata.
Por
ahora la meta es desarrollar programas de cultivos organopónicos y aprender
todos los oficios relacionados a la siembra localizada. También están
experimentando con fertilizante y abono de lombriz.
Granitos de arena
El proceso de recolección comienza con una campaña de motivación “y trabajamos con los valores, perseverancia, agradecimiento, responsabilidad y hasta la amistad”.
Cada viernes los niños llevan desde sus hogares hasta las escuelas las latas de aluminio que han recogido durante toda la semana.
Para que no se confundan y lleven las latas correctas las maestras dictaron una inducción en la que se les explicó a los alumnos que los productos para el reciclaje están previamente marcados con una etiqueta lo que sirve de referencia “y los representantes se han hecho colaboradores del proceso ayudando a los muchachos a diferenciar las latas para recolectarlas y traerlas luego hasta la escuela”, expresó Baisen Rodríguez, subdirectora de la EIB Julia Rodríguez Viña.
Piscina de sueños
Es
impresionante ver cuando llega el viernes y los alumnos, padres y docentes salen
a los patios de las escuelas para pisar las latas. Es allí donde se vive la
emoción de la recolección de latas, porque seguido de la piscina de envases de
aluminio de todas marcas y colores es cuando se encamina el conteo para la
venta. “Y quien se equivoque vuelve a empezar”, frases como ésta dejan
escuchar los niños, quienes afanosos comentan sus experiencias y muestran
entusiasmo ante la idea de aportar ayudas a la escuela en la que estudian.
Eso no...
Algo
que para las maestras está muy claro y es que los niños no deben salir a las
calles -como si estuvieran en campaña o fueran grupos de indigentes- a
recolectar las latas, “porque esa actividad se puede desarrollar muy bien
dentro de la escuela o en sus hogares, entre familiares y amistades”, dijo Fátima
Rodríguez.
Esta
opinión también las comparten el resto de los docentes que se han involucrado
en el proceso “y no es por el hecho que nos digan ‘recoge latas’ sino
porque el proyecto impone la idea de promover convivencia y auto ayuda dentro de
las escuelas en concordancia con toda la colectividad y eso es lo que estamos
tratando de hacer”, comentó Daisy Paravisini.
Los
docentes están conscientes de la crisis que afronta el país, pero no quieren
ver a sus alumnos deambulando por las calles recogiendo latas en medio de una
campaña de recolección.
Codo a codo
Para lograr resultados positivos en las escuelas se promueven competencias entre los mismos alumnos y es que hasta los docentes y los representantes participan en ese proceso.
Todos los viernes se registra el número de latas para llevar como especie de una contabilidad en la que queda sustentada el dato certero de cuántas fueron recogidas en la semana.
Al mes se hace la suma “y el grado que trajo más latas tiene una torta, que es parte de una recompensa que sirve de estímulo ante el esfuerzo”, expresó Fátima Rodríguez.
También se entregan premios sorpresa, y útiles escolares y además se destaca el esfuerzo de todos.
Por lo menos la EIB Julia Rodríguez Viña, en este año han recolectado mil 500 kilos de latas. Vale acortar que para conformar un kilo se requiere un promedio de 72 latas y este es vendido a precio de mercado. Tienen un aproximado de 75 mil 662 latas desde enero hasta lo que va de junio.
Cuando la venta empezó el kilo de latas de aluminio tenía un costo de 750 bolívares y vendieron 349 kilos y en la actualidad lo están haciendo entre mil 600 y mil 800 bolívares y la meta de recolección duplica la primera venta.
En el caso de la EIB Unare II que ya lleva dos años sumergida en este proyecto sus cifras de recolección son más grandes y a través del programa han financiado otras iniciativas científicas.
DESPIECE
Más que sus brazos abren sus puertas
Los resultados son el ‘agua fresca’ que queda en medio de todo este esfuerzo, además de las anécdotas de todos los involucrados.
Las experiencias de las maestras son insólitas. Unas cuantas ríen al recordar que en medio de un curso especial del ME se dedicaron a recoger latas. Hubo una docente que contó que sintió mucha emoción cuando vio que en un conocido hipermercado había muchas latas vacías, ubicadas en la parte trasera del edificio y que podía recogerlas para aumentar el número de su sección “pero me encontré con muchas avispas que me picaron cuando estaba recogiendo las latas en el dispensador de basura”.
Otras que viven como si tuvieran sensores automáticos “viendo en qué lugar hay latas”. O aquellos docentes que se van hasta los lugares de venta de licores y refrescos a esperar que estén los cestos de basura repletos de latas.
Por ahora la recolección de latas y el subsistir gracias a esta idea ha generado otras expectativas y es que las escuelas estudian para el año que viene la posibilidad de ‘tercerizar’ el concepto del proyecto y recolectar cartón vidrio y hasta envases de plástico.
Esta ha sido la gran escuela para los maestros y alumnos que apoyados por la comunidad buscan un futuro mejor, cargado de enseñanza y sobre todo de proyección de futuro... por eso hoy más que nunca las puertas de las escuelas permanecen abiertas.