*** Algunas personas llevan dos, cinco, diez años o toda una vida viviendo cerca de su lugar de trabajo: el relleno sanitario de Ciudad Guayana. Aunque desean salir de Cambalache, aseguran que la necesidad los hace ignorar sus sueños de superación y les obliga a preocuparse por conseguir la comida del día.
Moralis Lara Berenguel mlara@correodelcaroni.com
Fotos de Marcell Naranjo
Pequeñas viviendas construidas con materiales de desecho: láminas de aluminio, cartón, lonas y trozos de madera se dejan ver en las cercanías del relleno sanitario de Ciudad Guayana.
En las afueras de esas casas corretean niños jugando fútbol con una lata de refresco, esquivando tambores llenos de desperdicios y bolsas gigantescas que contienen papel.
Los habitantes de esa zona quisieran un mejor lugar para que sus hijos crezcan, pero las limitaciones que tienen no les permite aspirar a una vivienda mejor en la cómoda Ciudad Guayana.
En su mayoría son grandes familias, conformadas por un mínimo de cuatro hijos, que viven hacinados dentro de viviendas que no sobrepasan los cuatro metros cuadrados.
Durante nuestro recorrido por el lugar, encontramos a un enérgico maracayero llamado Francisco Enríquez, quien como todos los días recorría en bicicleta el relleno sanitario en búsqueda de desperdicios para vender.
Desde hace seis años Francisco vive en una humilde barraca a orilla del lago de Cambalache junto a su esposa - una indígena que conoció en los Barrancos de Fajardo en el estado Monagas- y sus dos hijos varones –de tres y un año respectivamente -.
“En verdad no tenemos ayuda de nadie. Antes venía una gente de la Alcaldía de Caroní a traernos alimentos y cosas así, pero desde mayo no vienen para acá. Nunca he visto al alcalde Antonio Briceño por aquí a ver que nos falta” afirmó Francisco.
Debido a la gran cantidad de personas que trabajan en el relleno sanitario –más de cuatrocientas- Francisco manifestó que a veces se pueden recolectar apenas tres kilos de aluminio trabajando desde las cuatro de la mañana a las cinco de la tarde.
“Ese dinero me alcanza para comprar un ‘paquetico de arroz’ y un par de sardinas. Recogemos para comer, porque no tenemos ayuda. Trato de comprar diario, pero tenemos que recortar, es decir, si comemos en la mañana no lo hacemos al mediodía, y si almorzamos no cenamos. Esa es la realidad, es dura, pero es así” aseveró.
Enríquez trabajaba como ayudante en reparaciones de aparatos electrónicos, pero un buen día fue despedido y tuvo que convertirse en un recolector de basura para mantener a su familia.
Hace tres años Migdalia Rodríguez se mudó de La Victoria a Cambalache junto a su esposo y sus seis hijos.
La razón principal de su cambio de residencia fue la delincuencia que azota a La Victoria, “aquí uno vive mejor, aunque algunos piensen que no”, indicó.
“Para mí no es difícil vivir aquí, uno se acostumbra. Aunque mi esposo es el único que trabaja, me alcanza para comprar lo más necesario” destacó Migdalia.
A unos cincuenta metros de la casa de Migdalia se encuentra la vivienda de Maiby Pérez y familia. Su esposo trabaja en el relleno sanitario desde hace quince años y el poco dinero que consigue por la venta de desperdicios le permite comprar los alimentos básicos para el consumo de sus seis hijos.
“Tengo que ir a San Félix a comprar comida, lo más barato para que rinda. Mi esposo tiene que meterse a la basura porque no consigue trabajo en ninguna parte. Ahorita está enfermo con el hígado inflamado y problemas en los riñones, a lo mejor es por su trabajo. Pero, como hace uno, tiene que conseguir que comer” aclaró la señora Pérez, de 32 años.
Como el caso de muchos trabajadores del relleno sanitario, su día comienza a las cinco de la mañana cuando se dirige a su lugar de trabajo para recoger algunos desperdicios. Dice ser una “guerrera” y su nombre es Mercedes Pérez.
Vive sola en una humilde casa cerca del “botadero de basura”. Trabaja en todo lo que se puede, pero principalmente vende cochinos y otros animales como gallinas y patos.
“Yo soy sola y tengo que resolver, lo poquito que consigo es para comer. También vivía en San Félix, pero como no conseguía trabajo me tuve que venir para acá. Trabajar en un basurero es malo, estoy enferma como pelotas por donde quiera. No voy al médico porque no tengo dinero” subrayó Mercedes, quien tiene varias tumoraciones en brazos y piernas.
Rosalba Matadares es oriunda de El Tigre y se dedica junto a su esposo a la venta de desperdicios a las empresas cercanas.
Explicó que los precios de los desperdicios varía y algunas veces la inversión no genera muchas ganancias, pero les permite llevar los alimentos a la casa y mantener a sus dos hijos.
“Gasto 120 mil bolívares quincenalmente en comida, alimentos que tenemos que estirar lo máximo que se pueda. Mis hijos están acostumbrados al lugar, al llegar nos enfermamos, pero ahora no. Hay mucha droga en el botadero de basura, es peligroso” explicó Matadares.
Una tribu dentro del relleno
En Cambalache se ha formado una comunidad indígena con gran cantidad de familias provenientes de Guayo en el Delta del Orinoco, los cuales viven rodeando una pequeña laguna que se encuentra al lado del relleno sanitario.
Jesús López, indígena, nos contó que tiene tres meses desde que se vino del Delta del Orinoco con su hijo de veinticinco años.
Con un español limitado, López nos explicó que para él resulta más fácil vivir en el relleno sanitario que en su terruño, donde no recibía ayuda.
Vive en parte de la recolección de aluminio –negocio poco rentable si se toma en consideración que un kilo cuesta mil bolívares- y del consumo de pan, restos de animales y algunas legumbres que consigue en bolsas de basura.
Leyenda: Los sueños se esfuman cuando hay necesidad, y sólo queda la preocupación de buscar comida.
Fotos: Marcell Naranjo
Guía: Cambalache 2
Leyenda: Cada día son más los niños que trabajan en el relleno sanitario, sobre todo indígenas.
A la hora de buscar alimento, no importa los riesgos. Los trabajadores del relleno sanitario desean pensar que son inmunes a las enfermedades.
Guía: cambalache 4
Leyenda: La mayoría de las familias viven hacinadas en pequeñas viviendas.

Leyenda: Los trabajadores del relleno sanitario ruegan por ayuda de los organismos del estado.
Guía: cambalache 6
Leyenda: Una gran parte de los recolectores son indígenas.
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Preocupante
Lamentablemente aunque los indígenas tienen representantes en la Asamblea Nacional y en el gobierno regional siguen padeciendo los estragos de la pobreza, la indigencia, desnutrición y hasta prostitución.
En Caroní, cada día se observan más y más indígenas –niños y mujeres- en las avenidas de Ciudad Guayana pidiendo dinero para subsistir, sin que las autoridades intervengan en ayuda de estas personas.
En el relleno sanitario viven aproximadamente trescientos indígena y cada día la cifra aumenta sin la intervención de las autoridades.
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